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Obama se salta a Putin y viene a Suecia

Por Cecilia Sandoval (Estocolmo, 7-8-2013)
Hasta hace unos días Barack Obama, presidente de EE.UU., tenía marcada en su agenda una reunión con el mandatario ruso Vladimir Putin en Moscú, la cual se llevaría a cabo inmediatamente antes de la reunión del G-20 en San Petersburgo el 5 y 6 de septiembre próximos, a la cual Obama ha confirmado su asistencia.
Photo by Mark Wilson/Getty Images

El Presidente de EE.UU. Barack Obama se reunirá con la dirigencia moderada en Suecia a principios de septiembre

Pero un cambio de planes quedó en evidencia el 6 de agosto pasado, cuando en una entrevista en el programa de Jay Leno en EE.UU., el jefe de la Casa Blanca declaró estar “decepcionado” de que el ex técnico de la CIA Edward Snowden haya obtenido asilo en Rusia, y hasta criticó las “leyes anti-gay” que existirían en dicho país. A esto siguió el cable difundido por la Agencia de Noticias del Báltico (BSN) según el cual el mandatario estadounidense se reuniría con los líderes de los países nórdicos y bálticos durante una visita que realizará a Suecia, precisamente en la fecha planificada para su reunión con Putin. 
Aunque ésta es una muy buena -e inesperada- noticia para el sorprendido primer ministro sueco Fredrik Reinfeldt (del conservador partido derechista Moderater), ya que según sus propias declaraciones ha invitado una infinidad de veces a Obama a Suecia sin que algo se concrete, lo más interesante es que quien en realidad parecía conocer todos los detalles de esta visita no era el mencionado político sino Carl Bildt, Canciller sueco desde 2006 y primer ministro 1990-1994 por el mismo partido de marcada tendencia neoliberal, del cual es líder.
De hecho, Bildt no puede ocultar su alegría y así lo expresa en su cuenta de Twitter: “Obviamente es importante y bueno que el Presidente Obama eligiera venir a Suecia… señal de una relación genuinamente buena”. Y como era de esperarse, las razones expuestas por el secretario de prensa norteamericano Jay Carney para la cancelación del encuentro, distan de las verdaderas motivaciones y más bien hacen alusión a difusos temas presentes en otras discusiones y desazones del país del norte cuando las políticas implementadas por países progesistas no se ajustan a sus dictados. Así, el saltarse a Putin se debería a la “falta de avances en el tema antimisiles y el control de armas, las relaciones económicas y comerciales, la seguridad mundial y los Derechos Humanos, y la sociedad civil…”. Es decir, todo los que entró en el papel. Indigestante potpurrí de supuestas libertades conculcadas que al final no dice nada y oculta la verdadera cara de la medalla.
Pero esta pintoresca felicidad neoliberal que ve en la visita del presidente de EE.UU., un regalo caído del cielo ante la proximidad de nuevas elecciones, no pasaría de sacarnos una sonrisa si no fuese porque esto sucede, justamente, en el país que construyó el modelo social más sólido del mundo en base a una doctrina humanista de izquierda basada en la férrea convicción de que sólo la auténtica igualdad de oportunidades lleva el progreso a los pueblos.

Photo by SVT

Cancilleres de Suecia y EE.UU., Carl Bildt (izq) y Hillary Clinton, respectivamente, se reunieron con el Primer Ministro sueco Fredrik Reinfeldt en junio de 2012.

El que Hillary Clinton haya visitado Suecia el año pasado, el que John Kerry haya venido este año, y que ahora el portavoz de la Casa Blanca se refiera a Suecia como “un amigo cercano y socio importante de EE.UU.” que “será un importante interlocutor en negociaciones con la Unión Europea” sin duda debe sacudir en su tumba al desaparecido Olof Palme, líder socialdemocráta asesinado en Estocolmo en 1986, quien fuera uno de los artífices del Estado de Bienestar sueco.

En todo caso, la dirigencia moderada no debería exagerar la importancia a largo plazo de esta ansiada visita, menos aún ver en ella un comodín para las elecciones de 2014. El desempleo galopante, el recorte de beneficios sociales derivado de la reducción de impuestos a los más ricos, la falta de oportunidades para la juventud -principalmente la de origen inmigrante- que ha desembocado en violentas protestas en los barrios periféricos de Estocolmo, y el fracaso general de las políticas económicas neoliberales no se esconden ni se soslayan con ilustres visitantes.
Una golondrina no hace verano.
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Internacional · Portada
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