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Vandalismo en Estocolmo: los nuevos “indignados” de la política neoliberal sacuden a Suecia

Cecilia Sandoval

9-6-2013

Riots en Suecia 1

Un país cuyo modelo social ha sido admirado por décadas, hoy se debate en una crisis social y económica que amenaza con resquebrajar las bases del Estado de Bienestar sueco

 

Tras una semana de crecientes disturbios, el domingo 19 de mayo pasado se desató una ola de violencia sin precedentes en Suecia. En actos de abierto vandalismo, cientos de jóvenes, en su mayoría inmigrantes, se lanzaron a las calles en el distrito de Husby ( Estocolmo) lanzando piedras, quemando vehículos particulares e iniciando un incendio en una escuela de la zona.

Estos incidentes tuvieron su origen una semana antes con la muerte de un hombre de 69 años, de origen portugués, como consecuencia de los disparos de un policía contra quien había blandido un machete. En los días siguientes la violencia se extendió a los barrios periféricos de Husby, todos habitados por colonias de extranjeros, con saldos de casas, negocios y vehículos destruidos, e inclusive con policías heridos a causa de los desmanes. Un hecho sin precedentes en la tradicionalmente apacible nación nórdica reconocida por la alta calidad de vida de sus habitantes.

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Un centenar de vehículos quemados, varios negocios saqueados y -lo más preocupante- la violencia desplegada por centenares de jóvenes cuyas edades bordean los 20 años (inmigrantes o descendientes de éstos) protestando contra la marginación y el desempleo, revelan de forma descarnada la situación actual de un país cuyo modelo social admirado por décadas, hoy se debate en una crisis que amenaza con resquebrajar las bases del Estado de Bienestar sueco.

Pero no es posible comprender las causas de ello sin antes hacer un recuento político de lo sucedido en Suecia en la década pasada, coyuntura que llevó al poder al partido de derecha Moderater en detrimento de los socialdemócratas quienes, con excepción de cortos períodos, gobernaron la nación por más de 60 años y construyeron un modelo económico-social de corte humanista basado en la equidad y la igualdad de oportunidades para todos.

En 2006, una mínima diferencia del 1.9% de votos por sobre la coalición de izquierda, puso a la cabeza del Parlamento a Fredrik Reinfeldt, líder de los conservadores y -por qué no decirlo- de la extrema derecha sueca. Retomando un “trabajo” inconcluso iniciado por la bancada Moderata en un corto período de gobierno en la década de 1990, el derechista aplicó todos sus esfuerzos para reducir el papel del Estado y los beneficios sociales, empujando a Suecia a la insólita situación de convertirse en el país con el mayor crecimiento de la desigualdad en el área de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) conformada por 34 países industrializados.

Hoy, aunque el nivel de vida en la nación nórdica todavía se cuenta entre los más altos de Europa, las políticas impuestas por Reinfeldt y sus acólitos -basadas principalmente en la reducción de impuestos para los más ricos y el recorte de programas sociales a las minorías- están afectando a una sociedad cuyos miembros son casi en su totalidad de clase media, y de forma dramática al grupo más vulnerable, los inmigrantes. Marcando con ello una devastadora diferencia de las políticas sociales aplicadas en las décadas de 1970-80, cuando grupos de refugiados víctimas de las crueles dictaduras latinoamericanas recibieron un trato humanitario que los llevó a integrarse definitivamente al pueblo escandinavo que los acogió.

En una nación gobernada durante más de 60 años por grupos de izquierda que crearon un modelo de desarrollo basado en la justicia social y la redistribución de la riqueza, las políticas neoliberales implantadas por el actual gobierno sueco han buscado, a toda costa, desmantelar el Estado de Bienestar y de forma inaudita reemplazarlo en base a fórmulas económicas cuyos desastrosos resultados provocaron inestabilidad social y económica en América Latina e incluso derrocamientos de presidentes y hoy están derrumbando las economías de la Unión Europea. El estallido de Husby, minimizado cínicamente por el Primer Ministro Reinfeldt que lo califica como “mero acto de vandalismo”, pone en evidencia el gigantesco fracaso de su política gubernamental neoliberal que ha abierto enormes brechas en la sociedad con el respaldo de los Demócratas Suecos, partido de ultraderecha y anti-inmigración que pretende tomar ventaja de los recientes disturbios para exaltar el racismo y obtener réditos políticos.

Pero no todo es sombrío en el panorama sueco. Encuestas recientes muestran un resurgimiento del Partido Socialdemócrata que se perfila, en coalición con el Partido Ambientalista, como triunfador en las próximas elecciones parlamentarias previstas para septiembre de 2014. Una contienda que pondrá a prueba la memoria colectiva de un pueblo con un pasado y una historia de justicia social, cuyo imperativo hoy en día debe ser despertar de la noche neoliberal en la que se halla sumido desde 2006.

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El político neoliberal Fredrik Reinfeldt preside el Parlamento sueco desde 2006

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